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Arquitectura tradicional - Hórreos y paneras

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El patrimonio etnográfico del municipio es rico en hórreos y paneras centenarios, repartidos por todo el municipio. En Sotrondio podemos encontrar hórreos en El Rimaderu, en Sanfrechoso y en El Pontón. En L'Entregu / El Entrego, en La Revenga junto a la casería situada al pie del solar que ocupaba la antigua iglesia parroquial de San Andrés.

En el valle de La Güeria están localizados varias construcciones en La ´Güerta - un conjunto de hórreo, casa y molino - La Cabaña, Cocañín, El Pullíu o La Llonga.

El pueblo de Perabeles, en el valle de Santa Bárbara /Santa Bárbola, existe un conjunto de cinco hórreos, decorados con relieves en forma de roseta en la puerta y con un arco sobre ella, y una panera situada en el centro de la población con dos de sus cuatro puertas talladas, esquinas enterizas y abundantes decoraciones.

El hórreo asturiano tiene forma cuadrada y la panera rectangular, con unas dimensiones variadas, pudiendo establecerse una media de 4x4m. para unos y de 8x6m para las otras. Están construidos de madera, generalmente de roble y castaño bravo, que resiste muy bien la exposición al aire libre. Se sostiene en el aire por cuatro pilares llamados ‘pegoyos’ que son de madera o de piedra, de forma troncopiramidal y de una sola pieza. La cubierta siempre es de teja y a cuatro aguas con aleros salientes, compuestos de cuatro faldones iguales en forma de triángulo que terminan en un punto o vértice donde suele haber una piedra que recibe el nombre de ‘cumbrial’. La panera, al ser alargada, tiene las cuatro vertientes de su tejado iguales dos a dos y remata en una arista horizontal.

No obstante, los hórreos no siempre tienen el tejado a cuatro aguas, los hay a dos aguas, aunque no es muy frecuente, como el que se conserva en Arbixil.

Los pilpayos y las muelas son de piedra, adoptando ambas la forma cuadrangular o circular y los demás elementos de la estructura – tazas, talamera, tenovia, colondras o liños son siempre de madera.

Hórreo en Los Artos.Hórreo en Los Artos.

Durante el siglo XVIII se incorporó al hórreo un corredor alrededor de la edificación, hecho que va parejo a la incorporación del cultivo de maíz que se almacena colgado en el corredor para su aireación.

La subidoria, cuando existe, es de piedra, pero muchas veces falta. En estos casos se suelen emplear escaleras móviles o se aprovechan elementos añadidos: algún muro, algún lugar alto del camino circundante, etc.

El origen del hórreo se cree que es debido a las invasiones habidas durante el segundo milenio antes de Cristo en el noroeste peninsular y promovido por los profundos cambios en las técnicas de siembra y recolección.

Según Jovellanos, presenta muchas ventajas: la resistencia al tiempo, la movilidad y fácil transporte por ser enteramente de madera, ausencia de humedad interior, adecuada ventilación y finalmente, una total inaccesibilidad a los voraces roedores.

Tradicionalmente, hórreos y paneras han sido la despensa donde se curaban y conservaban los productos cárnicos y lácteos, se guardaban los frutos secos, las manzanas, las patatas, el grano, etc. En el exterior, colgados de los gabitos, en el corredor o en la talamera, se secaban los productos que lo requerían. También era frecuente el uso como dormitorio ocasional, así como su empleo para guardar el arca y la ropa. El caramanchón, denominado también ‘solana’, era lugar ideal para el secado de legumbres y, finalmente, el espacio inferior servía como tendejón o lugar donde se guardaban el carro y los aperos de labranza.

Las cosas han cambiado mucho y las viviendas actuales reúnen unas condiciones muy distintas a las de hace varias décadas, por lo que la función del hórreo se ha visto ampliamente modificada. No obstante, aún en la actualidad se siguen empleando sus dos funciones tradicionales: como despensa y sobre todo como almacén, no sólo de productos alimenticios sino de herramientas, ropa y calzado, muebles viejos que ya no se usan, y en hostelería, como dormitorios.